La “austeridad” y el fantasma de la recesión
La fiebre por la austeridad comenzó en Europa, cuando el peligro del default (suspensión de pagos) de la deuda en Grecia hizo temer que el contagio provocara crisis de la deuda soberana también en Portugal, Italia y España. Estos países anunciaron de inmediato fuertes recortes en el gasto fiscal y nuevos impuestos. Les siguieron otros que se creían a salvo de la crisis, entre ellos Francia y Gran Bretaña.
Esto revirtió el consenso de que la amenaza de una depresión debía combatirse con políticas keynesianas de mayor gasto fiscal, a través de un aumento del déficit presupuestario y tasas de interés bajas.
Gran Bretaña fue el último país en optar por esto. Economistas y analistas económicos reconocidos condenaron la decisión y Robert Skidelsky, biógrafo de John Maynard Keynes, criticó la "conversión a la austeridad".
Alemania, cuyas finanzas y economía están en buena forma, recibió las críticas de Estados Unidos y de quienes defienden las políticas expansivas por insistir en que Grecia debe adoptar políticas de austeridad para recibir préstamos de rescate y reducir su déficit. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, respondió diciendo que su país intentaba una estrategia de salida del actual estímulo fiscal sentando las bases para el crecimiento futuro.
En Estados Unidos, el gobierno está a favor de más estímulos fiscales. Pero enfrenta en el Congreso la oposición de los republicanos y algunos demócratas, y se ha frenado una ley para asistir a los estados, que en su mayoría están sumidos en fuertes déficit y como tienen problemas para conseguir préstamos, ahora están recortando sus gastos. Esto afectará el empleo y la demanda, y contrarrestará en gran medida la expansión del gasto federal.
The Financial Times advirtió en su edición del 3 de julio sobre el riesgo de una renovada recesión. Si los economistas keynesianos están en lo cierto, la contracción del gasto fiscal tendrá un efecto adverso en el sector privado y habrá una desaceleración económica general.
Los países en desarrollo -que también siguen el debate sobre estímulo fiscal versus austeridad presupuestaria porque enfrentan los mismos dilemas- se verán afectados a través del comercio, ya que sus exportaciones se desacelerarán por los recortes en el gasto y el aumento del Desempleo.
